Wednesday, June 24, 2020

¿Qué es un líder virtuoso para Carlos Llano? Por Arturo Soto G.




  

 Para Carlos Llano el líder es una persona cuya capacidad de conseguir objetivos brota de la fuente íntima de su naturaleza. De ese núcleo puede surgirle la creatividad de proyectar obras y la habilidad de dirigir personas, siendo lo segundo lo más grande y difícil. Nunca la persona es líder por un accidente artificial que le viene de fuera y no puede dejar de serlo por temporadas (aunque pueda dejar de ejercerlo, como la honradez no desaparece en el que duerme). El fruto resulta un hábito adquirido que afecta el nivel ontológico (en el ser) además de mostrarlo en el práctico (en el hacer). Y si es susceptible de adquirir ese hábito lo es fundamentalmente por su dignidad, gracias a la cual puede trascender en misiones mayores que él.

“La dignidad humana consiste y es causa, a su vez, del hecho privilegiado gracias al cual puede encarnar ideales trascendentes y puede imprimir cursos perennes a las entidades y a las personas que las constituyen. El liderazgo no se superpone postizamente a la persona, es la expresión de su más profundo modo de ser y trasunto de su insondable vida interior. No es un aditamento de quita y pon. De ahí la necesidad de que el líder encarne valores sustanciales y sólidos, y no se valga epidérmicamente de teorías pasajeras.”[1]

Por tanto, se refiere a una obra de encarnación más que de mimetización o adopción de técnicas presentes en los discursos de moda del momento, como la actualización de un imponente potencial óntico que se logra a base de libertad y voluntad decidida. Otras teorías pasajeras en el siglo pasado y comienzos del presente (psicología de poca profundidad, recetarios de éxito, buenas prácticas de líderes momentáneos) surgían con virulencia y suponían una tentación para los lectores ávidos por sugerir caminos cortos, soluciones rápidas para el más magnánimo de los logros humanos: el mandarse a sí mismo y dirigir a los demás consiguiendo su desarrollo personal. Como resulta evidente, estos recetarios han sido en su mayoría fuegos fatuos que no han logrado más que iluminar la vida de las organizaciones por momentos breves.

Al surgir de la dignidad humana, el liderazgo no puede dejar de ser una elección libre. Para Llano nunca sería solamente un automatismo o resultado de un carisma genético. Eso sería poco digno. En cambio, es siempre y solamente fruto de la libertad del hombre que quiere positivamente el bien del otro, el propio y el del equipo.

Ello subraya lo que, al hablar de liderazgo, no podemos dejar de mencionar. Implica, en efecto, que tenemos libertad de elegir; libertad a tal grado libre, valga la redundancia, gracias a la cual podemos llevar a cabo algo que –sin esta consideración- nos resultaría inusitado: la libertad de elegir el bien del otro antes que el propio (con lo que el bien propio quedaría conseguido con una mayor seguridad y por el camino más noble, haciéndonos nobles a nosotros mismos).”[2]

Esta concepción de la naturaleza del líder la podríamos definir como:

a)      Alguien quien encuentra en su naturaleza y en su dignidad esa capacidad; no es algo postizo, ajeno. El liderazgo se encarna en el líder y se identifica con él, hasta tal punto que lo que existe en la realidad es el líder que absorbe en su existencia el “liderazgo”;

b)      Por ser algo conforme a la dignidad de su naturaleza, su acción de líder debe ser fruto de la libre decisión de la persona y no tanto de carismas o temperamentos heredados;

c)      Esa decisión consiste en mejorar a la persona subordinada, en primer lugar, mediante el servicio que simultáneamente mejora al líder, y buscando el bien común de la organización o equipo.

Esta concepción del líder es notoriamente distinta a lo que otras teorías del management moderno han propuesto, en gran parte por el gran vacío filosófico y antropológico en que surgen y se presentan.



[1] Llano, Carlos, Humildad y liderazgo, pp. 34-35.

[2] Llano, Carlos, Humildad y liderazgo, p. 144


La corrupción en México

México, del lugar 72 al 138
en corrupción
Arturo Soto González.
Qué duda cabe que la corrupción en nuestro país ha sido el factor de éxito del actual
gobierno, tema que ha sido el caballo de batalla en su apabullante victoria. Hay un agotamiento,
bien aprovechado electoralmente, debido a que cargamos con un peso ya insufrible para la
sociedad. Lo que no está tan claro para muchos es qué tan corruptos somos.
Los hechos no mienten al afirmar que México se corrompe de modo acelerado como lo
demuestran fríamente algunos números de la agencia Transparency International (2018):
● En CPI (Índice de percepción de la corrupción) tenemos una calificación de 2.8/10,
ocupando el poco honroso lugar 138 mundial (de 180 países).
● Hemos caído, y esto es notorio, del ranking n. 72 en al n.138 en 10 años: 92% de descenso:
un triste récord mundial.
● Estamos en el ⅓ de los países más corruptos del mundo.
● Se nos clasifica en el área mundial de los sistemas democráticos “híbridos”, es decir por
debajo incluso de las “democracias débiles” aunque por encima de los “regímenes
autocráticos”.
● En Latinoamérica somos un poco mejores que Venezuela, Haití, Nicaragua y Guatemala,
siendo el 5 país más corrupto del continente.
● Si estuviéramos en África, estaríamos en el grupo de los 50% más corruptos.
Estos hechos nos sugieren muchas cosas. En ellos habría que buscar la fuente de la
desigualdad, pobreza e inseguridad que devoran nuestro aún valioso capital social y económico. Su
impacto en los bolsillos de las familias es tan real como alarmante: según Transparencia Mexicana,
una familia promedio destina el 14% de su ingreso a la corrupción: dinero ganado con sudor que
no se destina a educación, salud, recreación o ahorro, sino a cubrir los “inevitables” costos de
mordidas, sobornos, extorsiones y demás. Eso genera pobreza afectando aún más a las familias
que viven con el salario mínimo (quienes no destinan el 14% sino hasta el 33% de sus ingresos a la
corrupción).
Y hay que aceptar que el sector privado no es ajeno a esa plaga: somos percibidos como el
tercer país más turbio entre los aquellos con empresas transnacionales, sólo superados por China
y Rusia (Transparency Briber Payer Index) . Eso que dicen que el mexicano en el extranjero se
porta mejor no es muy evidente, al menos a nivel corporativo.
Y si habláramos de la impunidad, madre de la corrupción, nos vamos a sorprender.
Estamos por encima del 99% de los casos en este rubro (INEGI). Lejos estamos de poseer un
Estado de derecho que garantice un juego justo para todos, y se entiende que el “nadie por
encima de la ley, nadie al margen de la ley” resuene en todos como un ideal que promete agua
fresca en el desierto.
Estos representan costos sociales y económicos devastadores en la democracia, confianza,
rentabilidad y productividad de la economía mexicana.
Con la sociedad angustiada, inquieta y agotada de años de retroceso no nos extrañe que
se acepte cualquier cambio aunque el precio sea un cheque en blanco a quien prometa un cambio.
Estamos cansados que nuestros políticos abusen del poder para beneficio propio y los hemos
castigado pagando un precio muy alto, poniendo en riesgo incluso nuestra futura democracia.
No podemos dudar que la corrupción tiene solución. La historia es maestra y nos muestra
cuántos países se han librado de esa o incluso plagas peores: algunos ejemplos serían Alemania,
Singapur, Irlanda o los países de Europa del Este tras la caída de la URSS, quienes han hecho
avances muy significativos en su transparencia. Estos países sacaron fuerza de flaqueza y se
sometieron a regímenes muy duros y largos -una especie de quimioterapia social. De su ejemplo
de carácter debemos aprender nosotros y no ser ingenuos pensando que la solución es a corto
plazo o que vendrá a fuerza de medidas milagrosas “sin dolor”.
A nosotros educadores nos toca entre otras cosas mostrar a la sociedad que la legalidad es
formable desde la familia y la escuela, que no estamos destinados a ser corruptos ni está en
nuestro ADN. Por su parte la empresa y el Estado pueden comprobar que la ilegalidad es un
pésimo negocio que acabamos pagando todos.
Fuentes: Casar, María Amparo. México, Anatomía de la Corrupción, IMCO, México, 2015
Transparency International, Bribe Payers Index, 2011, Corruption Perceptions Index 2018

Las virtudes del director