México, del lugar 72 al 138
en corrupción
Arturo Soto González.
Qué duda cabe que la corrupción en nuestro país ha sido el factor de éxito del actual
gobierno, tema que ha sido el caballo de batalla en su apabullante victoria. Hay un agotamiento,
bien aprovechado electoralmente, debido a que cargamos con un peso ya insufrible para la
sociedad. Lo que no está tan claro para muchos es qué tan corruptos somos.
Los hechos no mienten al afirmar que México se corrompe de modo acelerado como lo
demuestran fríamente algunos números de la agencia Transparency International (2018):
● En CPI (Índice de percepción de la corrupción) tenemos una calificación de 2.8/10,
ocupando el poco honroso lugar 138 mundial (de 180 países).
● Hemos caído, y esto es notorio, del ranking n. 72 en al n.138 en 10 años: 92% de descenso:
un triste récord mundial.
● Estamos en el ⅓ de los países más corruptos del mundo.
● Se nos clasifica en el área mundial de los sistemas democráticos “híbridos”, es decir por
debajo incluso de las “democracias débiles” aunque por encima de los “regímenes
autocráticos”.
● En Latinoamérica somos un poco mejores que Venezuela, Haití, Nicaragua y Guatemala,
siendo el 5 país más corrupto del continente.
● Si estuviéramos en África, estaríamos en el grupo de los 50% más corruptos.
Estos hechos nos sugieren muchas cosas. En ellos habría que buscar la fuente de la
desigualdad, pobreza e inseguridad que devoran nuestro aún valioso capital social y económico. Su
impacto en los bolsillos de las familias es tan real como alarmante: según Transparencia Mexicana,
una familia promedio destina el 14% de su ingreso a la corrupción: dinero ganado con sudor que
no se destina a educación, salud, recreación o ahorro, sino a cubrir los “inevitables” costos de
mordidas, sobornos, extorsiones y demás. Eso genera pobreza afectando aún más a las familias
que viven con el salario mínimo (quienes no destinan el 14% sino hasta el 33% de sus ingresos a la
corrupción).
Y hay que aceptar que el sector privado no es ajeno a esa plaga: somos percibidos como el
tercer país más turbio entre los aquellos con empresas transnacionales, sólo superados por China
y Rusia (Transparency Briber Payer Index) . Eso que dicen que el mexicano en el extranjero se
porta mejor no es muy evidente, al menos a nivel corporativo.
Y si habláramos de la impunidad, madre de la corrupción, nos vamos a sorprender.
Estamos por encima del 99% de los casos en este rubro (INEGI). Lejos estamos de poseer un
Estado de derecho que garantice un juego justo para todos, y se entiende que el “nadie por
encima de la ley, nadie al margen de la ley” resuene en todos como un ideal que promete agua
fresca en el desierto.
Estos representan costos sociales y económicos devastadores en la democracia, confianza,
rentabilidad y productividad de la economía mexicana.
Con la sociedad angustiada, inquieta y agotada de años de retroceso no nos extrañe que
se acepte cualquier cambio aunque el precio sea un cheque en blanco a quien prometa un cambio.
Estamos cansados que nuestros políticos abusen del poder para beneficio propio y los hemos
castigado pagando un precio muy alto, poniendo en riesgo incluso nuestra futura democracia.
No podemos dudar que la corrupción tiene solución. La historia es maestra y nos muestra
cuántos países se han librado de esa o incluso plagas peores: algunos ejemplos serían Alemania,
Singapur, Irlanda o los países de Europa del Este tras la caída de la URSS, quienes han hecho
avances muy significativos en su transparencia. Estos países sacaron fuerza de flaqueza y se
sometieron a regímenes muy duros y largos -una especie de quimioterapia social. De su ejemplo
de carácter debemos aprender nosotros y no ser ingenuos pensando que la solución es a corto
plazo o que vendrá a fuerza de medidas milagrosas “sin dolor”.
A nosotros educadores nos toca entre otras cosas mostrar a la sociedad que la legalidad es
formable desde la familia y la escuela, que no estamos destinados a ser corruptos ni está en
nuestro ADN. Por su parte la empresa y el Estado pueden comprobar que la ilegalidad es un
pésimo negocio que acabamos pagando todos.
Fuentes: Casar, María Amparo. México, Anatomía de la Corrupción, IMCO, México, 2015
Transparency International, Bribe Payers Index, 2011, Corruption Perceptions Index 2018
No comments:
Post a Comment